Ética y Buenas Prácticas

Podriamos definir Buenas Prácticas en Atención a Personas con Alzheimer, aquellas que van acordes con el nivel de conocimiento científico-técnico, en una estructura de Asociacionismo donde la humanización, el apoyo y el cariño son el hilo conductor. Respondiendo a necesidades sociales y como siempre adecuandonos al nivel socioeconómico disponible. En un servicio Público de Salud hay que tener una dimensión universal y de justicia social. Todo ello en un contexto ético de respeto a las personas diagnosticadas de Alzheimer y a sus cuidador@s. A. López

miércoles, 6 de junio de 2012

Dieta y función cognitiva




Aunque la conexión profunda entre dieta y cerebro aún está sin desvelar, hoy sabemos que diversos nutrientes y otras sustancias pueden producir efectos positivos en la capacidad cognitiva. Dada la gran actividad metabólica, el cerebro es especialmente vulnerable al daño oxidativo, y la vitamina E antioxidante en particular puede proteger al cerebro del daño causado por mecanismos oxidativos e inflamatorios. Sin embargo, no hay pruebas de su eficacia en la prevención o el tratamiento del alzheimer
Otro buen ejemplo son los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga, esenciales para la función cerebral, especialmente el ácido docohexaenoico (DHA). La literatura científica sugiere que el neurodesarrollo y las capacidades cognitivas también se ven mejoradas con la ingesta temprana de DHA.  No obstante, aún faltan pruebas de calidad que respalden el papel de la ingesta de DHA en la mejora del aprendizaje o el comportamiento de los niños en edad escolar. Sin embargo, están empezando a aparecer datos sobre la importancia potencial de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga para una buena salud cognitiva en la edad madura.
Nuestro estado de hidratación también puede influir en la capacidad cognitiva. Cuando el organismo pierde más del 2% de líquidos se produce una disminución en el rendimiento mental, afectado a la capacidad de atención, la memoria a corto plazo y la concentración. La deshidratación altera el conjunto de procesos mentales que intervienen en la inteligencia y la rapidez perceptiva. La deshidratación cerebral produce modificaciones significativas en la función cognitiva (percepción, atención, memoria, pensamiento y lenguaje). Además, afecta a la coordinación motora, el tiempo de reacción y la discriminación perceptiva. Una deshidratación leve también altera de forma especialmente negativa a la función cerebral de los ancianos.
En el área hidratación-función cognitiva también se ha de tener en cuenta la hiponatremia o intoxicación acuosa, que produce hiperhidratación neuronal y cuya gravedad vendrá determinada por la magnitud de la propia hiponatremia, la velocidad de instauración y la edad del paciente. La hiponatremia asociada al ejercicio (HAE) se produce principalmente en actividades deportivas de larga duración, cuando a la eliminación de grandes cantidades de sales a través del sudor, se unen los deportistas que ingieren un exceso de líquido pero sin el aporte suficiente de sodio.
Igualmente, determinados déficits vitamínicos se han asociado a alteraciones neurológicas. Las deficiencias de B12, B6 y folato pueden conllevar una acumulación de homocisteína que aumenta el riesgo de enfermedad cerebro-vascular. De hecho, existen evidencias epidemiológicas que relacionan la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular con la homocisteína, como factor independiente de riesgo de dichas dolencias.
En cuanto a la cafeína, produce sobre el Sistema Nervioso Central (SNC) activación motriz, despertar y efectos reforzadores. Un hecho importante dado su potencial terapéutico, es que el consumo de cafeína produce más efectos beneficiosos sobre la capacidad de atención y la memoria cuando éstas presentan alteraciones o disfunciones, bien al aumentar la edad, o cuando existe estrés, fatiga, falta de sueño, etc. Las pruebas preliminares sugieren que un consumo moderado de cafeína podría ayudar a reducir la incidencia de la enfermedad de Alzheimer.


Dra. Pilar Riobo Serván,
Médico especialista en Endocrinología y Nutrición

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