Ética y Buenas Prácticas

Podriamos definir Buenas Prácticas en Atención a Personas con Alzheimer, aquellas que van acordes con el nivel de conocimiento científico-técnico, en una estructura de Asociacionismo donde la humanización, el apoyo y el cariño son el hilo conductor. Respondiendo a necesidades sociales y como siempre adecuandonos al nivel socioeconómico disponible. En un servicio Público de Salud hay que tener una dimensión universal y de justicia social. Todo ello en un contexto ético de respeto a las personas diagnosticadas de Alzheimer y a sus cuidador@s. A. López

martes, 12 de noviembre de 2013

El Estrés crónico puede condicionar la enfermedad de Alzheimer


antena3.com  |  Madrid  | Actualizado el 07/11/2013 a las 10:13 horas
Entrevista con el doctor Bartolomé Beltrán 
1.- ¿Afecta a nuestra salud el estado de ánimo en el que nos encontremos?

Por supuesto. Por ejemplo, la soledad o el estrés crónico perjudican el sistema inmune. Hay estudios que demuestran que los individuos que se encuentran solos muestran signos de reactivación elevada del virus latente del herpes.
Se sabe que esta reactivación está asociada con el estrés, lo que sugiere que la soledad actúa como un factor de estrés crónico que desencadena una respuesta inmune mal controlada. Los pacientes producen más proteínas relacionadas con la inflamación en respuesta al estrés agudo. Estas proteínas señalan la presencia de inflamación y la inflamación crónica está vinculada a numerosas condiciones, incluyendo la enfermedad cardiaca coronaria, diabetes tipo 2, artritis y enfermedad de Alzheimer, así como fragilidad y disminución de la funcionalidad que pueden acompañar el envejecimiento.
Está claro que la mala calidad de las relaciones está vinculada a una serie de problemas de salud, incluida la mortalidad prematura y todo tipo de otras condiciones de salud muy graves. Y las personas que están solas claramente sienten como si tuvieran mala calidad en las relaciones.

2.- ¿El estado de ánimo tiene más repercusión sobre la salud de las personas mayores?
Concretamente en las personas mayores se detecta un aumento de episodios o dolencias cardiovasculares cuando sufren alteraciones en su estado de ánimo. En este grupo de población las enfermedades cardiovasculares más comunes son la insuficiencia cardiaca, hipertensión arterial, angor-cardiopatía coronaria, enfermedad vascular periférica, arritmias, Ictus y síndrome coronario agudo. Y los primeros síntomas de este tipo de patologías suelen ser: ahogos, palpitaciones, dolor torácico, alteraciones cognitivas o cefaleas.
Hay que destacar que la Sociedad Española de Cardiología (SEC) ya ha alertado de que, por ejemplo, la crisis económica tiene que considerarse como un factor de riesgo cardiovascular de primer nivel. También la Organización mundial de la salud (OMS) ha confirmado que las enfermedades cardiovasculares, como los ataques cardiacos y los accidentes vasculares cerebrales, siguen siendo la primera causa de las muertes en el mundo.
3.- ¿Qué podemos hacer para prevenirlo?
Para prevenir las enfermedades cardiovasculares en las personas de edad avanzada, que afectan en mayor parte a los hombres, se recomienda cambiar el estilo de vida con el fin de evitar factores de riesgo como: Obesidad, Tensión arterial. Diabetes, Dislipemia, Sedentarismo o Tabaquismo.
Quiero hacer notar que la práctica de bricolaje o jardinería puede reducir el riesgo de un ataque cardiaco o un derrame cerebral y prolongar la vida hasta en un 30 por ciento en el grupo de edad de más de 60 años, según revela una investigación publicada en la edición digital de ‘British Journal of Sports Medicine’. Según los autores, estas actividades rutinarias son tan buenas como el ejercicio
Se controló su salud cardiovascular con pruebas de laboratorio y exámenes físicos para ver las grasas y el azúcar en sangre y el factor de coagulación de la sangre, cuyos niveles altos están vinculados a un riesgo elevado de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular. Lo mismo puede decirse de los que realizaron ejercicio formal en grandes cantidades, pero que no tenían una actividad física rutinaria muy a menudo. Por su parte, quienes hacían ejercicio regularmente y a menudo eran físicamente activos registraron el perfil de riesgo más bajo de todos.
Durante el periodo de seguimiento de 12,5 años, 476 de los participantes tuvieron su primer ataque al corazón y 383 murieron por diversas causas. El mayor nivel de actividad física diaria se asoció con un 27 por ciento menos de riesgo de sufrir un ataque al corazón o un derrame cerebral y una reducción del riesgo del 30 por ciento de muerte por todas las causas, en comparación con el nivel más bajo, independientemente de la cantidad de ejercicio regular y formal que se realizara también. Basándose en estos factores de riesgo se debe establecer un plan de cuidados y poner en marcha acciones que incluyan una alimentación variada pero moderada; hacer ejercicio, ya que ayuda a perder peso, ganar elasticidad muscular y mejorar la calidad de vida.
Y evitar hábitos como fumar o beber ya que la nicotina contrae las arterias, altera la circulación de la sangre y eleva la presión arterial. De este modo, si una persona lleva a cabo los tratamientos adecuados logrará disminuir los factores de riesgo y, por tanto, controlar las patologías que pueden causar mortalidad.

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